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Niños mimados, adultos débiles: llega la “generación blandita”

¿Mimamos demasiado a los pequeños? Una nueva ola de expertos aboga por endurecer su carácter.

Actualmente hay un debate sobre si es beneficioso mimar demasiado a los niños. Algunos expertos afirman que los niños mimados se convierten en adultos débiles. Otros afirman que este es un patrón clásico en la sociedad actual.

Un adulto que no sabe cómo tomar una decisión o que se quiebra ante la presión fue sin duda un niño muy malcriado o mimado en su infancia.

Malcriar demasiado a un niño parece ser el resultado de las frustraciones de los padres. Las personas que han tenido una infancia difícil o han sido víctimas de privaciones tenderán a proteger en exceso a sus hijos. Por un lado, buscan darles lo que no han tenido o no han podido obtener.

Características de un niño mimado.

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Los niños mimados generalmente no conocen de límites. Están convencidos de que el mundo gira en torno a ellos. Este tipo de niños están acostumbrados a recibir, sin tener que devolver nada. No tienen en cuenta a sus padres porque piensan que existen solo con el propósito de hacerlos felices.

Otro aspecto común en los niños mimados es que no pueden actuar. Ante un problema en la escuela o la presión social, no saben cómo reaccionar. Admiten tener una discapacidad, pero no están preparados para enfrentarla.

La frustración ocurre cuando se encuentran indefensos ante una situación que les resulta injusta. Pueden identificar lo que no les gusta, pero no cambiarlo. La frustración de los niños mimados puede llevar a adultos deprimidos.

La agresividad también es un fenómeno que se observa en niños mimados. Es una forma de reaccionar ante la frustración. A veces hay casos de violencia física de niños a padres.

Finalmente, estos niños también son intolerantes, no se hacen responsables de sus acciones y no tienen remordimientos. En algunos casos, sufren ansiedad, cambios de humor y baja autoestima.

Una mala manera de criar es dándoles todo sin concientizarlos.

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Mimar demasiado a sus hijos se ha vuelto una actividad común. En nuestras sociedades, el niño es objeto de una solicitud permanente por parte de sus padres, que cada vez son más competitivos: hoy en día, el padre ya no aparece necesariamente como el jefe de la familia. El padre y la madre caerán en una forma de sobreoferta y accederán al menor de sus deseos, lo cubrirán con regalos… Un fenómeno que a veces se ve reforzado por varios factores, como un padre que ha vivido una infancia modesta, que llenaría una falta malcriando a su hijo.

¿En qué tipo de adultos se convertirán estos niños?

Debe entenderse que el niño es sobre todo un ser dotado de un mecanismo de accionamiento. Está centrado en sí mismo. Si los padres ceden a sus caprichos, sus impulsos persistirán y lo parasitarán en su desarrollo.

Entonces trataremos con un individuo egoísta, que solo piensa en sí mismo, el tipo de niño tiránico al que los padres nunca han impuesto límites. En ese sentido, puede convertirse en alguien que fácilmente pasa por alto la ley o que usa a otros solo para su propio beneficio.

¿Por qué nos sorprende este tipo de comportamiento?

Tales acciones regularmente despiertan un fuerte sentimiento de indignación en el otro, porque él percibe que esta actitud no es buena para el niño y su futuro. También despierta cierto miedo, el de ser dominado. Y luego también hay, en algún lugar, un poco de celos ante esta ausencia de límites, y esta propagación de lo espectacular.

En resumen, la educación no es compatible con los extremos. Demasiado malcriar o ser demasiado estricto puede tener los mismos efectos negativos en los niños. La educación debe tener una base sólida como valores familiares centrales y afecto.

Gracias a El Mundo

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Carlos Lancot

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