Historias y Reflexiones

Madre teresa de calcuta recomendaba esta oración para alcanzar la GRANDEZA

Se dice que a la Madre Teresa de Calcuta constantemente se le acercaban jóvenes y adultos en busca de consejos. ¿Cómo seguir tu ejemplo, madre?, le preguntaban.  Ella recomendaba una poderosa oración que hoy puedes hacer tuya.

La Madre Teresa de Calcuta recibe el premio Nobel de la Paz por “su trabajo altruista para ayudar a la humanidad sufriente”. El comité enfatiza su “respeto por los humanos, su dignidad y valor innato”, así como su “compasión sin condescendencia”. Durante su vida, ha recibido varios otros premios.

Su misión fue la de cuidar de los hambrientos, los sin hogar, los leprosos y todos aquellos que se sentían rechazados. La Madre Teresa establece una escuela para niños de barrios marginales, además de atender a pacientes rechazados por hospitales. Fundó un hogar para los pobres (Nirmal Hriday, la Casa del Corazón Puro), luego un hospicio para leprosos, varias clínicas y un orfanato.

La madre Teresa muere de una insuficiencia cardiaca el 5 de septiembre de 1997 a la edad de 87 años.

Fue beatificada por el papa Juan Pablo II el 19 de octubre de 2003 y se convierte en santa 13 años después.

Esta es la oración que nos dejó a todos a fin de que podamos alcanzar la grandeza:

Señor… ayúdame a decir la verdad delante de los fuertes y a no decir mentiras para ganarme el aplauso de los débiles.

Si me das fortuna, no me quites la razón.

Si me das éxito, no me quites la humildad.

Si me das humildad, no me quites la dignidad.

Ayúdame siempre a ver la otra cara de la medalla, no me dejes inculpar de traición a los demás por no pensar igual que yo.

Enséñame a querer a la gente como a mí mismo y a no juzgarme como a los demás.

No me dejes caer en el orgullo si triunfo, ni en la desesperación si fracaso.

Más bien recuérdame que el fracaso es la experiencia que precede al triunfo.

Enséñame que perdonar es un signo de grandeza y que la venganza es una señal de bajeza.

Si me quitas el éxito, déjame fuerzas para aprender del fracaso.

Si yo ofendiera a la gente, dame valor para disculparme y si la gente me ofende, dame valor para perdonar.

¡Señor… si yo me olvido de ti, nunca te olvides de mí!

 

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Carlos Lancot

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